LA MIRADA DE CHAVES NOGALES

La Cátedra prepara una Mesa de debate sobre Chaves Nogales para el día 15 de mayo en el Ateneo de La Laguna a las 19.30 h. Por tal motivo, el director de la Cátedra Cultural PGC nos presenta su particular percepción del escritor.

Una visión liberal, en el mejor sentido de la palabra

Se ha dicho que la grandeza que se atisba en la figura de Chaves Nogales radica en el hecho de haber sido capaz “de conservar la calma, de ejercer la reflexión”, y hacerlo en medio de los conflictos que tuvo que vivir con su familia, primero durante el asedio de Madrid, luego en el exilio francés, y siempre en el centro de una Europa en guerra, hasta su muerte en Londres, con 46 años. A ello habría que añadir su inmenso talento literario, que le permitió escribir crónicas y novelas espléndidas con la magia de la autenticidad, en las que personajes reales se expresaban en directo, sin tiempo para que el escritor les corrigiera el estilo, yéndosele de las manos, haciendo y diciendo lo que él mismo, “por pudor, no quería que hiciesen ni dijesen”.

En las pocas fotografías de que se dispone, parece apreciarse que Manuel Chaves Nogales miraba a las cosas con la seriedad y el respeto con que se mira cuando se hace a solas, sin conformar ningún gesto artificial que garantice la reproducción del lado bueno del rostro. Y es esa misma mirada, ligera de equipaje, casi desnuda, la que parece posar sobre el mundo que le tocó vivir, la que fue capaz de echar sobre el escenario doloroso de una guerra civil o del transcurrir de una contienda mundial. La mirada de un periodista capaz de decir lo que pensaba con la economía de la información, de conjugar una gramática de la vida real al mismo tiempo que todo sucedía a su alrededor, pero con la distancia que permite mirar sin colores prestados, sin servidumbre ideológica y sin inclinar un ápice el espinazo por sumisión o, siquiera, cortesía. Resulta inevitable, al hacer esta evocación en Canarias, caer en la cuenta de la coincidencia del apellido con la de otro innombrable, tal vez el contrapunto vulgar de esa manera de mirar, el ejemplo untuoso que parece llenar la pluma con tinta de recuelo.

La Cátedra Pedro García Cabrera ha elegido al periodista y escritor sevillano para continuar las actividades de este año. La elección podría quedar plenamente justificada por la calidad del autor, un periodista que escribía como Dios desde el centro de una tierra convulsa. Pero en el autor  hay algo más importante, y es la honestidad con que trata de contar lo que ve  e intenta comprenderlo sin debilitar sus convicciones democráticas. Como ha señalado Andrés Trapiello, “…los relatos de Chaves son, desde la literatura, el esfuerzo más grande y lúcido por entender aquella guerra, en un viaje a las guaridas del miedo…”. Si las heridas de la guerra de España parecen, en ocasiones, sangrar sin cura, y si los errores del pasado y la necedad implícita de las banderías parecen aún marcar nuestra historia presente, volver la mirada a Chaves, introducirse en la suya para tratar de contemplar la realidad, puede constituir un ejercicio saludable.

Rafael Alonso Solís

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